Tuesday, October 6, 2009

En las Montañas de Taiz, Belleza, Magia, y Destruccion

El aliento catártico de mil vidas se destila en esta cordillera, que baila incierta entre el destello de vidas pasadas y un futuro sobrecogedor. Mientras iniciamos nuestro andar por el rocoso camino que conduce a la casa del curandero, se observan figuras en la oscuridad que apuntan sus miradas detrás de las pequeñas ventanas que reposan sobre las casas de piedra. Las montañas nos rodean silentes, con su verdor sutilmente expuesto, casi inédito. Se observan algunas mujeres, todas vestidas de colores brillantes, la gran mayoría con sus rostros desvelados. “En estas montañas remotas todavía se vislumbra la cultura original de Yemen. Si miras fotos de nuestro país de hace más de cincuenta años, te das cuenta de que las mujeres no acostumbraban a velar su rostro”, me comenta Bakheel, como si deseando regresar a las costumbres del pasado. “Esa costumbre la hemos heredado de nuestros vecinos norteños, los Sauditas, que nos han llenado la cabeza de ideas Wahabitas”, me explica. En el tope de una colina, se expone la casa de nuestro huésped. Es un lugar paradisíaco, jubilado de éxtasis por el contraste intenso de las nubes anaranjadas que engalanan el cielo, y el verdor intenso que brota de la tierra. El tío de Bakheel, un conocido brujo local, rápidamente se aproxima a recibirnos. “Ahlan wa Sahlan (hola y bienvenido)”, me vocea brioso. Ahmed Basheem ‘cura’ todo tipo de calamidades. Mientras me aproximo a su casa, observo a un hombre enjaulado en una pequeña choza, sus piernas amarradas con una cadena de metal. “A ese señor le estamos dando un tratamiento de soledad, para que cese la confusión que aturde su mente”, me explica. “Ya lleva cinco años aquí”. A mi lado hay una señora llorando en silencio. “Ella ha perdido la razón luego de ser abandonada por toda su familia”, me revela Ahmed, señalando a la mujer, que sufre inconsolablemente. Luego de una sesión de Qat en el tope de la colina (mientras yo me pierdo explorando las montañas), avistando los valles que se forman entre los cerros, los hombres deciden entrar al diwan (sala) para mirar la televisión. Mientras Arnold Schwarzenegger destruye varias ciudades en las imágenes que hipnotizan a todos, uno de los huéspedes comienza a cantar una antigua canción alabando a Allah. Todo el mundo rápidamente se une a la copla, y mientras Arnold sigue su curso de destrucción, el diwan se llena de un aire místico y sagrado. Mientras esta ironía plaga mi mente de pensamientos, Bakheel me murmura “Estos contrastes cada día se hacen más evidentes en Yemen”. Mientras los niños cantan la canción despreocupados, más atentos a la película que a la especial y profunda ocasión, aquellos factores que impulsan los conflictos se hacen evidentes en la cantidad de muerte que se refleja en estas remotas montañas, todas emitidas por nuestro aparato preferido. Quienes serán lo que impulsan la violencia en estas zonas remotas? Cuáles son las ideas que le llegan a estas personas desde nuestras tierras? En este especial momento, Arnold tiene la respuesta.

Wednesday, September 30, 2009

Desvelando el Lado Oscuro: Crímenes de Honor en La Tierra de Saba

Kabir Mushkila (Un Gran Problema)

Las bocanadas de humo bailan sensualmente en esta apocalíptica visión de cafetería. Es el lugar más acudido en este poblado olvidado en medio del desierto. Las telarañas cubren todas las esquinas y el fuego del cocinero invade la intimidad de los visitantes. El suelo de tierra es ligeramente encubierto por varias lonas agujeradas que acarician las calvas y cabelleras de los clientes. Al caer la tarde, los hombres Haysianos han terminado de masticar su narcótico preferido, la venerada hoja de Qat, y ahora se reúnen para quitarse la amargura que ha quedado en su boca con una melificada taza de té y un cigarrillo retozón. Octubre por fin comienza a sentirse, en el sosegado calor que ya comienza a disminuir su agresión contra las sombras. “No sé lo que voy hacer”, me comenta Khaled, un personaje local que cabizbajo me confiesa el enorme problema que lo atormenta desde hace días. “Los hermanos de mi prometida amenazan con quitarle la vida si se casa conmigo”, me comenta confundido, su rostro entonando los gestos albergados en la parte más oscura del alma humana. “Dicen que como mi padre tiene sangre africana, no soy árabe puro”, indignado me confiesa. “Pero como que van a matarla! ¿Me imagino que no están hablando en serio, verdad?”, le comento alarmado, mientras encrespado trato de apaciguar mis ansias. “No conoces a esta gente Alan, son capaces de cualquier cosa”.

¿Será verdad?

En Yemen y en otros países del Medio Oriente, los crímenes de honor son lamentablemente comunes. Muchas familias están dispuestas a quitarles la vida a sus propios familiares, si estos de alguna manera amenazan la reputación de su clan. La mayoría de víctimas son mujeres que han cometido adulterio, han rechazado una boda concertada, o han sido víctimas de alguna agresión sexual. También se ha dado el caso de familias aplicando la dura ley cuando descubren tener algún hijo homosexual. Generalmente, los agresores les comunican a sus vecinos que su familiar se ha ido de viaje al exterior y que no va a regresar por un largo tiempo. En muchos de estos países la ley condona este tipo de crímenes. En Jordania, el artículo 340 del código penal establece que “aquel que descubre a su esposa o a cualquier mujer de su familia cometiendo adulterio, y este mata, hiere, o lesiona a cualquiera de estas, la persona estará fuera del alcance de la ley”. La razón detrás de esta práctica milenaria se debe a la creencia de que una mujer impura destruye no solo su reputación, sino el nombre y el honor de toda su familia. En algunos casos, la madre puede apoyar un crimen honorifico para preservar el honor del resto de sus hijas, ya que muchos hombres se niegan a casarse con la hermana de alguna mujer que haya cometido algún acto impuro si la familia no le aplicó la ley de honor. En fin, la UNDP estima que anualmente las víctimas de crímenes de honor superan las cinco mil víctimas.

La Disyuntiva de Khaled

Es por esto que el rostro de Khaled expresa emociones muy reales. “Olvídate de Lamis y utiliza el dinero que tienes ahorrado para casarte con cualquier otra mujer”, le aconseja Bakheel, un sabihondo largo y flaco que enseña a sordomudos hablar por señas. “Llévate del ejemplo mío y de Abdullah, ya que ambos nos casamos con mujeres que no conocíamos y pudimos forjar familias muy exitosas. Acuérdate que el amor surge antes o después del matrimonio. El orden de los factores no altera el producto”. “Creo que eso haré, Bakheel”, nos confirma Khaled, ya desesperado por conseguir una compañera luego de treinta años de soledad. “Lo difícil es que después de más de un año de compromiso, todavía ni le he podido ver la cara a esa bendita mujer”, amargado nos murmura. Mientras miro a mí alrededor y observo la multitud de hombres bebiendo té en este insólito lugar teñido de matices dantescos, solo me acuerdo de una expresión que decía la madre de un amigo: “Agarren a sus gallinas que mi gallo anda suelto”. En Yemen, todos los gallos andan sueltos, pero las gallinas no hay quien las agarre.

Friday, September 25, 2009

Bodas Tribales: Vislumbrando Esencias


La sutil cadencia de una flauta derrite el silencio atávico con su serpentina melodía. El día es jueves; las montañas aledañas a Sana’a han empezado el festejo. Nos acercamos lentamente; las rocas del camino y las centurias de individuos que tapizan las calles disminuyen nuestra prisa. Hay un océano de hombres vestidos de blanco, cinturón dorado en cintura, y Jambiyah* en frente. Una niña se pasea risueña entre los mortales, cargando una cantina que esparce el dulce olor a incienso que suavemente se apodera de la atmosfera, metamorfoseándose en el abismo de virilidad que clama el momento. Mientras agitadamente me sumerjo en la algarabía, el ritmo de un tambor se apodera de las almas, recordándonos súbitamente la esencia de la ocasión: luego de 27 años de espera, Ahmed Hussein caerá por primera vez en los brazos de su diosa. La fresca brisa de la sierra se siente a piel desnuda, mezclándose animosamente con el evento más sagrado de esta tierra: la unión de un hombre y una mujer. La flauta sigue hipnotizándonos y el tambor elevándonos. A su son, quince voluntades tribalmente danzan al son del compás, dibujando garabatos en el aire con sus Jambiyahs en mano, que vigorosamente despliegan su belleza letal. De repente, un sigilo inesperado aturde a los presentes. A la distancia, se observa el automóvil que carga al dichoso rápidamente aproximándose. La afonía lentamente va incrementándose, y explota como una erupción cuando este sale del vehículo. Un turbante negro cubierto de rosas rojas cubre su cabeza. En su hombro descansa un sable dorado, fálicamente simbolizando su hombría. Sus serias facciones son incapaces de ocultar la emoción infantil que lleva dentro. Luego de ser embestido por decenas de cámaras que capturan el momento, se escucha una voz anunciando el banquete. Una enorme puerta de metal se abre y todos los invitados salen disparados a llenar sus estómagos. Las largas pailas de arroz con chivo, ensalada, fatha, y otros platos locales adornan los largos y estrechos manteles que se encuentran en todos los pasillos y habitaciones de la casa. Los presentes se sientan en cuclillas a meterle mano a todo lo que se encuentra en frente. En quince minutos ya todo se ha consumido, y los invitados ya se han dispersado. Solo quedo yo, que me he tomado mi tiempo, y un yemenita que ha decidido no dejarme atrás. Al salir, la fiesta esta inflamada de pasión. Los bailarines ya no son hombres, parecen espejismos que han brotado del centro de la tierra, cargando con ellos el implacable espíritu tribal que como relámpago transmiten la fuerza de esta rebelde nación. Las mujeres, que se encuentran encerradas en las casas contiguas, vocalizan sonidos semejantes a los de alguna tribu amazónica. La procesión ha comenzado, los bailarines adelante y el novio atrás. Todos van bailando y avanzando por las estrechas calles rumbo al destino final: una carpa repleta de Qat. Al llegar, la música termina y los bailarines recuperan su estado normal. Delicadamente cada quien toma la porción adecuada, y se sientan en un enorme circulo a masticar su hoja preferida. Las próximas cinco horas se consumirán allí, mientras todos rumean la mágica hoja, poniéndole final a la especial ocasión. Esta noche Ali Ahmed reconfirmará su hombría. Cuando le pregunten “¿estás casado?”, orgullosamente podrá confirmar que sí, que ya conoce el más misterioso ser que ambula en su tierra: la mujer yemenita.

*Jambiyah: Cuchillo curvo tradicional

Monday, September 21, 2009

Fin del Mes de Ayuno: El Ramadan y otras reflexiones

Ha terminado el Ramadán, mes de ayuno y devoción, de largas noches y conmoción, de pueblos completos pasando hambre en nombre del Creador, de calor humano y de clamor. El Ramadán se ha consumado, ya el pueblo se ha embriagado de la idea de Dios. Mientras el último día de Ramadán se desliza silenciosamente en el vaivén de las horas, la fuerza del Islam se hace evidente en este corazón de tierra que late al ritmo de su prosa. El Corán es sin duda el eje central que moldea la geografía cultural, social, y espiritual de esta idea llamada Medio Oriente. Es por eso que la segunda pregunta de todo Yemenita es, “¿eres musulmán?”, luego de la primera, que se concreta en el “¿de dónde eres?”, probablemente para justificar la primera. Antes de llegar a Yemen, nunca imaginé que una religión podría ejercer tanta influencia en el diario acontecer de la vida de una nación. Como me dicen los devotos y no tan devotos, “es que es imposible que un ente humano haya escrito el Corán. Si pudieras entender todo lo que dice, y la manera en que cada palabra está perfectamente sintonizada con el resto, te darías cuenta que usar nuestro lenguaje de esa manera, tan sublime y perfecta, es imposible para un ser de carne y hueso”. Este impulso de piedad que ejerce el hipnótico y extraordinario libro sagrado, se ratifica de mil y un maneras: en el hecho de que el único libro que se observa leyendo es este; en que las personas oran en cada rincón en la hora de oración, incluyendo la acera y los contenes. Se expresa en la habitual utilización de la palabra “Harám!” (generalmente enunciada utilizando el signo de exclamación), que se podría traducir como pecado en nuestro idioma cristiano, o como algo indecoroso y prohibido. Se refleja en el hecho de que existen mezquitas en cada esquina, incluyendo lugares como supermercados y estaciones de policias. En fin, todas las facetas de la vida en Yemen son directamente influenciadas por el encanto de este conjunto de ideas que se encuentran incrustadas en lo más profundo del alma de esta nación. La naturaleza de la violencia es también un producto de esta vigorosa religión. El crimen común, incluyendo los homicidios, las violaciones, el consumo de drogas, los atracos, y todas las demás plagas que afectan nuestras naciones, ocurren raramente en este país. La mayoría de delitos están relacionados con el honor, como cuando dos tribus se acribillan por generaciones; por el poder, como cuando tribus secuestran extranjeros para influenciar las decisiones del gobierno (en la mayoría de secuestros las víctimas son tratadas como huéspedes, lo que explica el común síndrome de Estocolmo) ; o por la misma religión devorándose como una serpiente de dos cabezas, como cuando el gobierno bombardea los rebeldes shiitas, para exterminar aquellos que conspiran contra el régimen del país. Por eso, caminar a las cuatro de la mañana por las calles de Sana’a es un hecho que no presenta ningún problema. Explica la razón del porqué mis compañeras de trabajo se sienten seguras montándose en un taxi a cualquier hora del día, sin importarle que anden solas. Explica el hecho de porqué el cuerpo femenino se considera sagrado, y el porqué muy pocos hombre se atreven a difamar la reputación de una mujer. Cada día que pasa, me siguen sorprendiendo la cantidad de prejuicios que guardamos en Occidente sobre esta mítica tierra. Arabia es un lugar lleno de valores, que ha sido maltratada por la ignorancia de una especie que fácilmente se deja llevar por las formas. En esta última noche de Ramadán, el aliento exquisito de esta gama de hombres se despliega honrosamente frente a mí, y me apena el hecho de que solo tengamos acceso a todo lo negativo que sale de este lugar. La manera en que nos han moldeado es un hecho que constantemente me consterna: cuando vemos imágenes del holocausto judío, sentimos una grandiosa y oronda pena por todos aquellos que murieron. Cuando nos muestran imágenes de los terribles crímenes cometidos en Gaza, de alguna forma nos hacen sentir que se lo merecen. Cuando nos enseñan imágenes de los americanos ‘luchando contra del eje de la maldad’ en lugares como Iraq, liberando a la nación de las atrocidades de monstruos como Saddam, nos lo presentan como algo digno y noble. Cuando escuchamos que más de medio millón de iraquíes han muerto violentamente luego de la invasión americana, de alguna manera nos lo justifican, y como tontos, nos lo creemos. Hermanos, es hora de que nos liberemos del yugo ideológico al que estamos constantemente subyugados. Abramos los ojos y despertemos a la realidad que tristemente se concretiza frente a nosotros. Anoche miraba las noticias con un grupo de yemenitas, y presentaron imágenes de los prisioneros en Guantánamo siendo brutalmente torturados. Mientras la última noche de Ramadán llegaba a su fin, la indignación de aquellas imágenes se volcaban en mi alma, y me despedí de mis generosos huéspedes. Es hora de que cambiemos el rumbo de este siglo. Es hora de que la tolerancia, el respeto, y la compasión sean el pináculo de valores que unan esta gloriosa y diversa gama de culturas que componen nuestra tierra. La manera más importante en que podemos contribuir es cambiando nuestra actitud. Es lo único que puede prevenir otro mar de sangre como lo ha sido el inicio de nuestro nuevo siglo.




Unamonos todos este 21 de septiembre a celebrar "Paz un dia". Aqui se ha sentido esta campana en los medios de comunicacion. Es hora de que le pongamos fin al monstruo de la guerra. Un abrazo a todos!

Tuesday, September 15, 2009

Bayt Baws: Espejismos de otros tiempos








Sobrevolando a Sana’ a, las ruinas de Bayt Baws se distinguen a lo lejos, como un fantasma despechado aferrándose a su amada. Ir allí es fusionarse en las llanuras del pasado: las formidables estructuras construidas peñasco sobre peñasco, las antiguas inscripciones del lenguaje de Saba, y la significativa y reveladora presencia judía , hacen de este misterioso lugar no solo un tesoro arqueológico, sino un santuario donde aquellos que han olvidado la tolerancia pueden recordar mejores épocas. Hoy en día, es imposible entrar a Yemen con una estampa judía en el pasaporte. En la época gloriosa de Bayt Baws, los judíos y musulmanes vivían lado a lado (hasta el 1949, cuando todos los judíos iniciaron su diáspora a la tierra ‘prometida’), conviviendo pacíficamente de una manera fraternal y entrañable, siendo las últimas pruebas de este contundente pasado la mezquita y la sinagoga que conviven adyacentemente, que al igual que la relación entre los dos grupos, han sido desfiguradas por el tiempo. Los últimos pobladores de Bayt Baws residieron allí hasta el principio de los años noventa. Hoy en día solo queda una familia, que según ellos, han residido allí por cientos de generaciones. Mohammed es un orgulloso miembro de la última familia residiendo en Bayt Baws. Su estrecha figura y energético temperamento adornan el paisaje ancestral, inyectándole al lugar la presencia necesaria para humanizar la mágica comarca. Su carácter hospitalario inmediatamente se hace evidente cuando nos invita a tomar té en su hogar. “Por favor, pasen adelante”, cordialmente nos invita, abriendo las puertas de su antiquísima residencia, que sin duda guarda un millón de secretos. Mientras lentamente me sumerjo en la oscuridad de aquel mítico hogar, me estremece la simplicidad y la llaneza que encubren sus paredes. “Por favor, tomen asiento”, Mohammed nos indica, mientras su esposa nos deja una bandeja con varias tazas de té a la puerta de la pequeña habitación, tratando de ocultar su voz y su rostro. “Nuestros hermanos los judíos vivían de aquel lado del poblado”, me aclara Mohammed, su mirada reflejando la nostalgia de tiempos pasados. “Para que entiendas la relación que albergábamos en aquella época, es necesario que te haga una historia”. Mientras se bebe un sorbo de té y se echa unas cuantas hojas de Qat a la boca, un sagrado silencio penetra la habitación. “Ali Ahmed era un hijo de este pueblo, y en 1973 se unió a los Egipcios para luchar contra los Israelitas. Siempre estuvo muy consternado por la situación de nuestros hermanos Palestinos, que han sido oprimidos, pisoteados, y degradados por el pueblo Judío. Una mañana de Octubre, Ali Ahmed partió hacia Egipto, que se preparaba para combatir a los Israelíes, listo para entregarse de lleno la causa Palestina. Ya en plena batalla, su brigada avanzaba exitosamente y todo indicaba que la victoria estaba cerca. De repente, para la sorpresa de los egipcios, un contraataque Israelí destruyo la mayor parte de su maquinaria beligerante, y muchos de sus compañeros fueron acribillados por el ejército Israelí. Mientras Ali Ahmed yacía en la arena del caliente desierto de Sinaí, adolorido por una estilla de metal que había traspasado su pierna, fue apresado y llevado junto con decenas de soldados Egipcios a una base militar. Allí, Ali Ahmed fue torturado y atormentado, mientras algunos de sus compañeros eran fusilados por no cooperar con la inteligencia Israelí. Unos días después, un teniente Israelí se preparaba para cuestionar a Ali. “Que haces aquí?, le preguntó autoritariamente, mientras tomaba un cilindro de metal para facilitar el interrogatorio. “Soy de Bayt Baws, Yemen, y vine a defender a mis hermanos Palestinos”, murmuró Ali, ya entregado a su abatido destino. “!?De donde?!”. “Imposible!”, exclama el teniente, su mano soltando el cilindro de metal. “Y de qué familia eres?” pregunta el teniente. “Soy un Hashemi”, responde Ali, un poco sorprendido por la reacción del teniente. “Pues si eres casi mi hermano”, responde el teniente, afligido por la situación. “Mi familia salió de Bayt Baws hace mas de 20 años, pero mis recuerdos más preciados son de aquel lugar, al que añoro profundamente”, responde el teniente, para la grata sorpresa de Ali. “Te vas ya, antes que te pase algo!”. Aquella tarde, el teniente se llevó al adolorido soldado a su casa, y se aseguro que su pierna fuera tratada por unos médicos amigos suyos. Un mes después, en los que el teniente y Ali fundaron una fuerte amistad, el teniente le consiguió Ali un billete para retornar a su pueblo. Mientras Ali se despedía de aquella tierra, en la que dejaba su sangre y a su compadre atrás, su alma yacía en completa confusión. Nunca se imagino lo que el destino le tenía reservado, y al volver a su pueblo, jamás volvió a salir de allí. “Ali murió hace unos años”, nos concluía Mohammed, claramente exponiendo que esta era su historia favorita. Mientras me despedía de nuestro anfitrión, y descendía las estrepitosas escaleras de su residencia, una emanación de esperanza surgía de aquel lugar, que sin duda alberga el máximo paradigma del divino espíritu humano: es posible convivir pacíficamente con toda la gama de diversidad humana, si solo estuviéramos más atentos a los dictados de nuestros corazones. En el medio oriente, la esperanza persiste, la esperanza perdura.

Sunday, September 13, 2009

Aden: Destilando Un Lugar Inigualable

Mezquita en Aden


El mercado de Pescado


Vista aerea de la ciudad


Vendedor de Qat

Aden es un espasmo, una violenta contracción entre la crudeza de una tierra indómita y el imperio que trató de doblegarla. Un aborto de paisajes bizarros que contienen una belleza indescriptible, imposible de encasillar o definir. La antigua capital de Yemen del Sur se balancea en un trípode de culturas que de alguna u otra forma influyeron en su desarrollo. Caminando por sus anchas calles, los edificios construidos por los británicos durante los más de ciento veinte años de ocupación, siguen allí, la mayoría cruelmente desfigurados por la sal y el calor. Atravesando los caóticos mercados saturados de una viveza inigualable, todavía se observan los residuos de más de veinte años de Marxismo, en los libros rusos que se despliegan en todas las aceras y contenes. Aquella mezcla de un pueblo apasionadamente Islámico, con un toque de promiscuidad británica, y un cc de ateísmo Marxista, hacen de Aden una quimera de posibilidades. Construida alrededor de un volcán, Mahoma predijo que uno de los signos del fin del mundo se dará a conocer cuando Aden se consuma en fuego. Siendo la ciudad más liberal de Yemen, donde existen alrededor de cinco discotecas y una afamada cultura subterránea de prostitución, la profecía de Mahoma ya se está justificando. El Yemenita de Aden es una criatura muy diferente a sus hermanos del norte. Generalmente no carga consigo Jambiyahs (cuchillos curvos), y su carácter es más liviano y alegre. Las mujeres están ligeramente menos dispuestas a cubrir sus rostros, y aunque lo hagan en las calles, desde que entran a lugares más reservados, son rápidas en quitarse el velo y revelar su acreditada belleza. Mi primera noche en Aden fue memorable. A las dos de la mañana, bajo el encanto interminable de Ramadán, las calles del mercado de Cráter están abarrotadas de miles de personas que frenéticamente realizan todo tipo de transacciones comerciales. Mesas de billar adornan las aceras, chivos y ovejas corretean por doquier, y el olor a tiburón fresco adorna el ambiente con una sanguinaria fragancia que es imposible de olvidar. Mientras me quedo pasmado observando aquel mar brioso, comienzo a entender porqué Aden es aborrecida por unos, y apasionadamente amada por otros. Un lugar que se reniega a ser descrito, generalmente genera emociones fuertes. Mientras tanto, el volcán de Aden sigue allí, encantando sus habitantes como un alacrán hambriento, tratando de hipnotizar a su presa antes de inyectar su letal veneno.




Tuesday, September 8, 2009

Las Almas Perdidas de Somalia: Kharaz

Kharaz es un gemido en la oscuridad. Un brote de ansiedad que emana como un volcán de las entrañas de una nación destrozada. Un purgatorio en la tierra, hecho de las ilusiones y esperanzas de miles de almas en busca de paz. Llegar allí no fue tarea fácil. Con una escolta militar guiando la procesión de vehículos, atravesamos el desierto con las esperanzas de que no fuéramos interceptados por ninguna tribu furiosa. Aunque nunca le han hecho daño a nadie, generalmente las tribus Yemenitas aledañas a Kharaz interceptan los vehículos para negociar con el gobierno. Tuvimos suerte. Llegamos sanos y salvos. Kharaz se levanta en medio de aquel inhóspito paisaje simbólicamente expresando la fortaleza de sus habitantes. Algunos llevan años allí, a la espera de que alguna nación se apiade de ellos. Otros acaban de llegar. Sus miradas cansadas reflejan los interminables días en que arriesgaron sus vidas caminando en el desierto, navegando las traicioneras aguas del Mar Rojo, y superando el hambre, la sed, y el calor. La frágil raíz que une al ser humano a su tierra natal aquí se ha evaporado entre el humo que han dejado atrás las granadas, los lanza cohetes, y las balas a los que la mayoría han sido expuestos. Algunos llevan pedazos de metal dentro de sí. “Tócame el pecho Alan”, me susurra Abdulbakir, un refugiado que tiene años a la deriva en Kharaz. “Siente la bala que tengo incrustada al lado de mi corazón”. Mientras me toma la mano y me la pone sobre la dureza metálica que adorna su coraje, me confiesa que toda su familia fue asesinada. “Me dejaron por muerto. Cuando me levante vi todos los cuerpos, incluyendo el de mis hijas”. Kharaz es un cementerio de trágicas historias, que como la de Abdulbakir yacen enterradas en las pesadillas de sus habitantes, que de vez en cuando vomitan sus historias de terror para compartir su dolor con el mundo. El pueblo Somalí tiene 19 años sin gobierno. Su gente ha perdido la esperanza. La guerra reina las calles de la capital y aterroriza la vida pacífica de las zonas rurales. Aunque varios países han nacionalizado y tomado consigo grandes grupos de Somalíes, nadie se ha atrevido a meterse en aquella tierra. La nación más poderosa del mundo una vez lo intento, y diecisiete militares fueron acribillados en las calles de Mogadishu. Luego de este incidente, decidieron dejarle la pesadilla a los oriundos. Mientras tanto, cuatro millones de Somalíes siguen a la deriva. Cuando se acabara la pesadilla? Me pregunto, mientras las carpas de Kharaz me dan el último adiós. Mientras nos alejamos del campamento, solo me acuerdo de una frase que se me quedo incrustada como la bala de Abdulbakir, en medio del corazón: “Solo nosotros podemos terminar esta locura. Pero ya no sé quiénes somos”.

Las Almas Perdidas de Somalia: Kharaz




Kharaz es un gemido en la oscuridad. Un brote de ansiedad que emana como un volcán de las entrañas de una nación destrozada. Un purgatorio en la tierra, hecho de las ilusiones y esperanzas de miles de almas en busca de paz. Llegar allí no fue tarea fácil. Con una escolta militar guiando la procesión de vehículos, atravesamos el desierto con las esperanzas de que no fuéramos interceptados por ninguna tribu furiosa. Aunque nunca le han hecho daño a nadie, las tribus Yemenitas aledañas a Kharaz de vez en cuando interceptan los vehículos para negociar con el gobierno. Tuvimos suerte. Llegamos sanos y salvos. Kharaz se levanta en medio de aquel inhóspito paisaje simbólicamente expresando la fortaleza de sus habitantes. Algunos llevan años allí, a la espera de que alguna nación se apiade de ellos. Otros acaban de llegar. Sus miradas cansadas reflejan los interminables días en que arriesgaron sus vidas caminando en el desierto, navegando las traicioneras aguas del Mar Rojo, y superando el hambre, la sed, y el calor. La frágil raíz que une al ser humano a su tierra natal aquí se ha evaporado entre el humo que han dejado atrás las granadas, los lanza cohetes, y las balas a los que la mayoría han sido expuestos. Algunos llevan pedazos de metal dentro de sí. “Tócame el pecho Alan”, me susurra Abdulbakir, un refugiado que tiene años a la deriva en Kharaz. “Siente la bala que tengo incrustada al lado de mi corazón”. Mientras me toma la mano y me la pone sobre la dureza metálica que adorna su coraje, me confiesa que toda su familia fue asesinada. “Me dejaron por muerto. Cuando me levante vi todos los cuerpos, incluyendo el de mis hijas”. Kharaz es un cementerio de trágicas historias, que como la de Abdulbakir yacen enterradas en las pesadillas de sus habitantes, que de vez en cuando vomitan sus historias de terror para compartir su dolor con el mundo. El pueblo Somalí tiene 19 años sin gobierno. Su gente ha perdido la esperanza. La guerra reina las calles de la capital y aterroriza la vida pacífica de las zonas rurales. Aunque varios países han nacionalizado y tomado consigo grandes grupos de Somalíes, nadie se ha atrevido a meterse en aquella tierra. La nación más poderosa del mundo una vez lo intento, y diecisiete militares fueron acribillados en las calles de Mogadishu. Luego de este incidente, decidieron dejarle la pesadilla a los oriundos. Mientras tanto, cuatro millones de Somalíes siguen a la deriva. Cuando se acabara la pesadilla? Me pregunto, mientras las carpas de Kharaz me dan el último adiós. Mientras nos alejamos del campamento, solo me acuerdo de una frase que se me quedo incrustada como la bala de Abdulbakir, en medio del corazón: “Solo nosotros podemos terminar esta locura. Pero ya no sé quiénes somos”.

Sunday, September 6, 2009

Descubriendo El Dolor Somali: Kharaz





Hay quince hombres que quieren matarte. En tu vientre se refleja el terror del incomprensible y siniestro sentimiento que genera el odio en su más pura esencia. Se acercan rápido hacia ti y ya casi llegan a tu única pertenencia: tu pequeña choza en medio del desierto. Los ojos de los verdugos irradian la rabia de mil años de impiedad. Sus puños aprietan los machetes como sogas que despiadadamente aprietan el cuello de un fusilado. Sales corriendo aterrorizada. El destino no importa. Lo único que te incumbe es sobrevivir. Tus pies callosos sangran mientras chocan violentamente contra el suelo rocoso del desierto, que en silencio vela tu desgracia. Te cae la noche. Te acompaña el único hijo al que pudiste salvar. Mientras le lloras a la noche tu dolor, solo piensas en tu familia que quedo atrás. No puedes creer lo que te está pasando. Mientras te duermas debajo de una palma, le ruegas a Allah que todos sea un sueño.
Ya han pasado seis meses; los más difíciles de toda tu vida. Ya has vendido tu cuerpo para poder subsistir, pero como quiera, tu cuerpo y el de tu hijo ya han perdido la mitad de su peso. Cuando te miras en el reflejo del mar, que arropa el pequeño poblado de pescadores adonde encontraste un poquitito de paz, no eres capaz de reconocerte. Eres solo el crepúsculo de una felicidad que falleció por circunstancias que todavía no eres capaz de entender. Un día como cualquier otro, Dios pareció escuchar tus plegarias: el hermano de tu padre aparece en el poblado, prometiendo llevarte a Yemen. Te dice que allí son musulmanes y que seguro les tendrán compasión a sus hermanos Somalíes. Te encuentras ahora en un bote cruzando el Mar Rojo. Luego de tres días en el mar, el capitán te ordena que te lances al mar, ya que llegar a la costa es muy peligroso. Aunque más de dos kilómetros separan el bote de la costa, te lanzas sabiendo que muchos perderán su vida, y le das gracias a Dios por haber aprendido a nadar en tu niñez. Luego de casi media hora en los que fuiste incapaz de llegar a la costa, un bote salvavidas de la Naciones Unidas vino por ti. Ahora vives en una casa de campaña, en el campo de concentración más grande de Yemen: Kharaz. Te rodean alrededor de veinte mil refugiados, todos con historias como la tuya. Sobrevivientes del odio, del desierto, del mar, del sol, y de la luna. Hombres y mujeres que han hecho de la esperanza su único refugio. Monumentos al espíritu humano, que incansablemente enfrentan cada día con la frente en alta y con la ilusión de que el futuro traiga cosas mejores. Hoy te he conocido, querida Salwa. Allí estas, viviendo otro día mas en esta sucesión de tiempo en el que te has visto expuesta a todo lo que la mayoría le teme. Quisiera llevarte conmigo y poder darte paz. Pero las circunstancias no me lo permiten. Solo puede acompañarte brevemente en tu camino, y orar por ti para que tú y los tuyos algún día puedan volver a su tierra y vivir como debería vivir todo ser humano. Lo único que te pido querida Salwa, es que nos tengas compasión a nosotros, que hemos observado tu país sucumbir y entrar en las más oscuras tinieblas, y no hemos hecho absolutamente nada. Como Poncio Pilato nos hemos lavado las manos, y hemos dejado millones de personas como tú a la merced de la adversidad. Solo espero que Dios tenga compasión de ustedes, mi querida hermana. Te deseo lo mejor.


Thursday, September 3, 2009

La Razon Que Nos Ha Traido Aqui



Cuando la vi por primera vez, su cuerpo estaba cubierto de moscas.
Aquella imagen no la he podido sacar de mi sistema.





Nuestro equipo en pleno trabajo.

La dura vida en el Tihama: El poblado de Makaharra

Estas fotos fueron tomadas en algunos de los poblados remotos
en los cuales servimos. La vida en estos sitios es sumamente dificil.
Muchos de los pobladores caminan hasta 20 y 30 kilometros diarios en
busca de agua.



Una de nuestras pacientes.




La influencia Africana es obvia en el Tihama. Muchos refugiados
que vienen escapando la pesadilla de lugares como Somalia, buscan
albergue en estas zonas remotas.



Choza Tipica. Algunas de las escenas que vimos alli
fueron bastante tristes. Desde un nino amarrado
a un tronco debido a su condicion mental, hasta
una nina paralitica, cubierta de moscas de pies a
cabeza.


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Tuesday, September 1, 2009

Profundizando

La naturaleza humana se filtra agresivamente como una orgia babilonica a punto de estallar. Aunque las superficies prometan la salvacion, el fondo refleja la naturaleza real de esta creacion, que no puede ser moldeada por nada ni nadie. Por mas que querramos regularnos, por mas que querramos destilar nuestras impurezas, la flama interminable de la verdadera naturaleza del hombre no puede ser transformada. Nuestros instintos siempre estaran presentes, esperando cualquier oportunidad para brotar como un volcan salvaje. Por eso el ambiente esta tenso, las almas listas por explotar en cualquier momento. En este oceano de virilidad, machismo, y testosterona, por mas que me quieran convencer de que las mentes estan regidas por la pureza de una religion inspirada, nadie me puede mirar a los ojos y decirme que debajo de las burkas y las timidas miradas, un terremoto de pasion domina perpetuamente el corazon de esta organica tierra que lleva consigo la esencia del hombre original.

Sunday, August 30, 2009

Tai'z y la Inolvidable Aventura en Busca de Carne de Camello

Ha caído la tarde sobre este pueblo fantasma y yo sigo durmiendo. Las interminables noches de Ramadán nos han anestesiado a todos. Aunque el mercado parece estar abierto, los comerciantes le han confiado sus productos a Allah, y quitados de bulla dormitan sobre cualquier superficie plana. El desierto esta calmado, posiblemente influenciado por el sosiego de sus huéspedes. En el medio de este dulce letargo, mi celular irrumpe el sagrado silencio: “Salam alaykun”, le voceo al receptor, tratando de transmitirle mi irritación por haberle puesto fin a mis dulces sueños. ”Alan, quieres irte con nosotros a Tai’z? Queremos brindarte un plato de carne de camello!”, me murmura Bakheel, en un intento de suavizar mi tono. “Carne de camello? Pues claro que quiero ir! En qué tiempo nos vamos?” pregunto interesado. “Pues ya!”.
Mientras me monto en la van, siento mi corazón latir de prisa. Es un efecto secundario del saber que territorios desconocidos están a punto de ser explorados. Mientras el chofer prende el vehículo, un silencio aterrador se apodera de todos los pasajeros. El Corán se escucha en la radio. Es preciso que las bocas se cierren y los oídos se afilen, ya que en Ramadán la música está prohibida durante el día, y todos los que estén despiertos deben escuchar el libro sagrado que se escucha en absolutamente todas las emisoras. Mientras me voy sumergiendo en un estado contemplativo producido por los hipnóticos versos Coránicos y el monótono paisaje del desierto, noto que a lo lejos se comienza a vislumbrar un paisaje distinto. La región de Tai’z ya comienza a reflejar su naturaleza. El repentino bajón de temperatura es bienvenido por todos, que anhelaban ponerle fin al eterno calor de Hays. Una hora más tarde, Tai’z nos recibe con un aguacero torrencial. Llegamos al hotel corriendo y empapados, medio muertos del hambre y el cansancio. Luego de recibir nuestra habitación, esperamos impacientes para que la lluvia se aplaque. En el trasfondo, escuchamos el llamado a la oración, que parece ahogarse en una diáfana mezcla de agua y devoción. Mientras escucho la dulce melodía, noto que mis compañeros están confundidos. “Ayúdanos a buscar la dirección Alan, que debe estar aquí por algún lado”, me dicta Hassan. “Qué dirección Hassan, para donde vamos a ir con este aguacero?”, pregunto confundido. “No Alan, me refiero a la dirección en la que debemos orar”, me contesta Hassan mientras mi confusión se dobla al cuadrado. “Ya la he encontrado!”, vocea Bakheel. “La han puesto detrás del televisor”, nos comunica, orgulloso de haber encontrado el pergamino. Mientras asombrado estudio el edicto, que tiene una foto del Kaaba y una flecha, Abdullah me explica que es un deber de todos los musulmanes orar en dirección a la Meca. “Pero Abdullah, pensaba que solo las mezquitas tenían que estar en dirección a la Meca, no tenía idea de que también había que orar en esa dirección”. “Si Alan, y no solo eso; no sé si te has dado cuenta, pero todos los inodoros en Yemen están diseñados en sentido contrario a la Meca”. Antes de que Abdullah notara mi quijada, que estaba a punto de desprenderse, me excusé para salir a tomar un poco de aire y darle privacidad para que oren.
Horas más tarde…
Continuará

Wednesday, August 26, 2009

La Fuerza del Islam

Esta foto la tome desde la ventana de mi apartamento.
Como podran notar, el Yemenita aprovecha cualquier espacio
para orar. Cualquiera!





Haciendo Las Paces Con el Universo: Nuestro Deber Y Salvacion

Estoy aquí, en el corazón de la tierra temida, en el hogar de los ancestros de Osama Bin Laden, en el país natal de casi un quinto de los presos en Guantánamo, adonde supuestamente las mujeres son oprimidas, pisoteadas y maltratadas; en el centro de la región más distorsionada, menos entendida, y con la peor reputación del mundo occidental. Cuando busco Yemen en Google, lo primero que leo son todas esas características que convencen a cualquier ingenuo de que realmente este es el centro de la afamada expresión Bushiana, “el eje de la maldad”. Y nos dejamos llevar, ceñidos por la fuerza de nuestra angosta capacidad para cuestionar a los poderosos medios de comunicación, que constantemente moldean nuestra conciencia haciendo de ellas lo que les place. Y estimados paisanos, que gran mentira nos han vendido! De la misma manera que podemos definir a Yemen con todas las características con las que abrí este escrito, podemos definir a nuestra tierra como “República Dominicana, tierra natal de Quirino Paulino y Florián Félix, puente principal de narcotráfico entre Colombia y Estados Unidos, isla caribeña donde te matan por cien pesos y te encañonan por menos”. Y queridísimos lectores, todos sabemos que esas no son las características que definen nuestro bendecido país. Esas son las acciones de un ínfimo número de psicópatas que residen proporcionalmente en todos los países del mundo, y no nos podemos permitir reducir la grandeza de una cultura por la acción de esta quebrantada minoría que ha perdido su norte. Como ciudadanos del siglo 21, es imprescindible que nos acerquemos a esta región con un espíritu de hermandad, con un aliento de fraternidad, y con el corazón abierto de par en par. Luego de más de un mes residiendo como “un Yemenita más” en una de las zonas más remotas de esta recóndita tierra, es mi deber gritarle al mundo la inmensa cantidad de amor, generosidad y esplendidez que me han brindado la mayoría de personas que se han atravesado en mi camino. Quiero recalcarles una y otra vez que no podemos juzgar lo que no conocemos ni medir toda una cultura por nuestra estrecha idiosincrasia. Para que el futuro de nuestra tierra no sean las sobras de un “choque de civilizaciones”, es nuestro deber individual de reconocer que aunque nos separen mil y un características, esto no debe incrementar el espacio que nos separa. Todo lo contrario, esto debe ser una razón para que nos alegremos de la increíble diversidad que hacen de nuestro universo un lugar muy especial.

Tuesday, August 25, 2009

El Espiritu de Ramadan

Soy uno más en esta jauría de hombres hambrientos. Todos estamos plenamente concentrados en nuestra mesa. Las bocas están selladas; ya nadie tiene fuerzas para estar dialogando. Las mesas están cubiertas de todos los alimentos que puede albergar la imaginación. Mientras el restaurante se sumerge en un tenso silencio que parece durar toda la eternidad, nuestros oídos están sintonizados con los altoparlantes de las mezquitas que ya en cualquier momento pondrán final a la angustia colectiva. Cinco, cuatro, tres, dos, uno; Hodeidah se ahoga en la anhelada cadencia; se ha desatado la furia! Con la soberbia de un huracán, más de doscientos individuos hemos comenzado a aplacar el hambre que nos había torturado toda la tarde. Mientras mastico, por primera vez entiendo lo que significa vivir en una cultura pluralista. Significa que no hay nadie en este pueblo que el día de hoy no haya guardado ayuno. Explica la razón por la cual todos nos pongamos la misma ropa (sí, yo también!), oigamos la misma música (ahi me excluyo), y aceptemos las cosas como son, sin cuestionar mucho las razones ni el estatus quo. Por eso estamos todos aquí, con un hambre de perros, todos compartiendo este momento juntos. Aunque esta idea a muchos Occidentales les parece aterradora, ya que en cierta forma es un suicidio del ego, hay una cierta serenidad en el alma, una alegría común, una cierta familiaridad que penetra el ambiente, y una fuerte conexión con aquellos que te rodean. Mientras disfruto de unos dátiles que mágicamente cubren todo mi paladar, empiezo a comprender la razón por la cual cada vez que entro a un restaurante, muchas de las mesas me invitan a comer de sus platos. Deduzco la razón por la cual todo el mundo parece estar continuamente dándole dinero aquellos que andan pidiendo (aunque estos no tengan nada sobre la cual caerse muertos!). Y sobre todo, entiendo la razón por la cual en esta enorme tribu llamada Yemen, con todo y su extrema pobreza, existe una enérgica solidaridad que supera todos los obstáculos que interfieren en la supervivencia de sus orgullosos habitantes.

Sunday, August 23, 2009

Noches de Ramadan

Medianoche. La luz de la lámpara arde fervorosamente en esta pequeña habitación que alberga una familia completa. Las voluntades andan alejadas del presente, ya sumergidas en el silencio profundo que engendra tres horas masticando Qat y una frondosa hartura. El calor de la noche se refleja en nuestra frente, siendo esta una exposición de los efectos del sudor y la gravedad. Luego de un largo día sin beber ni comer, los pobladores de Hays se escuchan en el trasfondo de las sombras como difuntos que han revivido de un largo sueño. Custodiándolos, los melodiosos versos del Corán son leídos por todas las mezquitas que con sus altoparlantes infunden el ambiente de un aura sagrado. Es el noveno mes del calendario Islámico. El mes donde las bocas se cierran y las almas apuntan al cielo, en un intento febril de acercarse al Creador.

Siete horas antes, Hays agonizaba. El hambre se había adueñado del pueblo en un intento fallido de estrangular la devoción de sus habitantes. Ya todos rondaban los mercados, temblorosos e irritados, comprando todo tipo de alimentos para satisfacer el monstruo que yacía en su interior. El iftar, la abundante cena con la cual se rompe el ayuno, ya casi se hacía realidad. Desesperados, todos esperaban a que las mezquitas indicaran el final de su impuesta tribulación. El propósito final de la abnegación ya comenzaba a manifestarse en la conciencia de todos: limpiar el alma y cultivar la disciplina interior, el sacrificio, y la empatía por aquellos que tienen menos. Durante Ramadán, el mes en que los primeros versos del Corán le fueron revelados al profeta Mahoma, el mundo Árabe se entrega a la devoción y hace del Islam su máxima prioridad. Es un período para la reflexión, para la oración, y para doblegar al cuerpo por medio de la disciplina corporal. Es también una época para compartir con los demás y profundizar las relaciones familiares.

Cuatro de la mañana. En lo más profundo de la noche, el Sahur ya se ha comenzado a servir. Es la última oportunidad para alimentar el organismo antes de que las mezquitas anuncien el Fajr, el momento en que se restablece el ayuno y se prohíban las relaciones sexuales. Los habitantes de Hays ya los encorva el sueño y el cansancio, y lentamente comienzan a caer redondos en sus camas. Se termina un largo día en el sagrado mes de Ramadán. Mientras tanto, yo sigo la ley de Roma y me adhiero a lo estipulado: Cuando en Roma, haz como los Romanos.



Saturday, August 22, 2009

Buscando el Amor en Tierra Yemenita

El Amor en Plural


“Alan, sabias que tenía cuatro esposas hace 5 anos?”, me preguntaba orgulloso Thabit Ata, un profesor retirado que ahora se dedica a deleitar las reuniones de Qat con sus ingeniosidades y ocurrencias. “Si, y no te imaginas la pesadilla que fue esa. Para decirte, me divorcie de las cuatro y ahora estoy más feliz que nunca.” “Y porque te divorciaste de todas Thabit?”, le preguntaba interesado, en mi cabeza albergando cien preguntas más. “Oh Alan, esas mujeres querían andar solas todo el tiempo. A mí no me gusta que mis mujeres anden rondando por las calles sin mis hermanas o primas. Imagínate, una mujer andando por ahí sin ningún tipo de supervisión”. Como muchos sabrán, el Islam le permite al hombre casarse con hasta cuatro mujeres. Para esto, es imprescindible que el hombre disponga de suficientes recursos y pueda ofrecerles una calidad de vida similar, nunca favoreciendo a una sobre las otras. En Hays, entre los hombres de generaciones anteriores, esta organización familiar es muy común, algunos teniendo hasta treinta y cuarenta hijos. No han sido pocas las veces que me han dicho oraciones como esta: “yo soy el quinto hijo de la tercera esposa de mi padre”, o “yo soy el primogénito de la cuarta esposa de mi padre”. En estos días le pregunte a Hassan cómo puede un hombre sobrevivir sexualmente con cuatro mujeres en la misma casa. “Bueno Alan, cada quien tiene su calendario. Cada día de la semana le toca a una mujer diferente, y es importante no complacer a la misma mujer dos veces sin haber complacido a todas las demás antes. Por esa y un millón de otras razones es que yo solo quiero a Rita. Solo quiero una mujer en mi trono”. La generación de Hassan, aquellos con menos de treinta años, aparentemente han aprendido de las generaciones anteriores, la mayoría solo deseando casarse con una sola mujer. “También Alan, la vida ahora está demasiado cara para poder mantener a tanta gente”.


El Amor en Singular


“Hassan, y como te llegaste a enamorar de Rita sin haberle nunca visto el rostro”? , le preguntaba intrigado. “Bueno Alan, aquí en Hays, los hombres mandamos a nuestras hermanas y madres a conocer a nuestra posible esposa, y estas nos aconsejan si la mujer vale la pena o no”. “Hassan, pero como vas a confiar en la opinión de otros? Eres tú que te vas a pasar la vida con esta mujer!”. Mientras Hassan se preparaba para contestarme su cara se llenaba de un talante culpable, y en tono muy bajito me contesta: “No le digas a nadie, pero hace unos meses vi su rostro en su identificación en el archivo de recursos humanos. La mujer es hermosa Alan, hermosa.” Aunque el caso de Hassan y Rita es un amor bilateral, en muchos casos, el hombre elige a su mujer de manera ciega, influenciado mas por las posibles relaciones familiares que va a conseguir, o por la cantidad de dinero que puede pagar. “Bueno, si me la ponen muy difícil en Hays, me voy para Tai’z!”, me decía Ahmed, un adolescente que vende frutas en frente de mi casa, hormonalmente expresando su deseo de conseguir una esposa lo más pronto posible. “Y porque Tai’z Ahmed?”,preguntaba curioso. “Alan, no sabías que en Tai’z las mujeres son mucho más baratas que en Hays”, me respondía como si el dato fuera algo mundialmente conocido. “Allí puedes conseguir una mujer decente por hasta cien mil riales (quinientos dólares), y sin muchas preguntas”, me decía mientras su rostro se iluminaba con la esperanza de que ese día llegara pronto. Luego de estar aquí por casi dos meses, ahora entiendo porque la pregunta más común entre los hombres de Yemen es “estas casado?”. Cuando respondo que no, generalmente el que me pregunta se llena de compasión, y lo único que refleja su rostro es “el pobre, este todavía no conoce lo que es estar con una mujer”. Les digo, por más días que me pase en esta tierra, Yemen constantemente busca la forma de dejarme boquiabierto.


Friday, August 21, 2009

Manifestaciones


Un mar de humanidad se despliega intacto, revelándose gloriosamente sobre la desolación de un horizonte perpetuo. Nos separan diez mil años de historia, un código sintáctico, un sistema de fe, y un millón de interpretaciones. Mis ojos no se adaptan a lo extraño del paisaje. Como si un día me despertara y encontrara que el mundo como lo había concebido ya no era cierto. Aunque Yemen tiene el poder para crear ese sentimiento en el alma de cualquier extranjero, también tiene el poder para lograr todo lo contrario. Cuando profundamente observo a cada individuo, nuestra herencia común se refleja en nuestras almas como una resonancia que nos asegura que aunque en lo superficial parezcamos tan diferentes, en el fondo somos todos lo mismo. El mismo rio existencial fluye en todos nosotros, y todos compartimos esta intensa experiencia de ser humano. Aunque debido a nuestras circunstancias hayamos buscado diferentes maneras para sobrevivir, interpretado nuestro ambiente de manera disímil, y desarrollado sistemas de comportamiento completamente opuestos, no podemos negar que cuando nos miramos a los ojos, todas esas manifestaciones exteriores se diluyen, solo dejando la esencia viva que clama nuestra unidad. Al final, nada nos puede separar.

Thursday, August 20, 2009

Intimidad Yemenita


Aqui la "moda" es llevar los ojos desvelados. Esto es lo tradicional....




Mis hermanas Yemenitas dandole la bienvenida a Sarah de Inglaterra.






La juventud Haysiana...







Como pueden ver, despues de los 60, algunas mujeres deciden ensenarle la cara al mundo.



Wednesday, August 19, 2009

Sesión de Qat


Son las 2 de la tarde. La hora favorita en Yemen. El aire esta tupido y denso; las almas ya comienzan a desesperarse. Solo hay una cosa que brota de viveza ya que todo lo demás está muerto: el mercado de Qat. En este, el ambiente esta tenso, cada hombre presente tratando de negociar su dosis diaria. El bullicio ensordecedor refleja la exasperación de un país que no puede vivir sin su más preciado tesoro.
Ya son las 3:00. Las almas están tranquilas. Cada quien va rumbo a su casa con su funda amarrada al cinturón. Algunos no aguantan y comienzan a echarse las hojas en la boca. Ya los hombres en Yemen han comenzado a masticar, todos al son de un compas de bocas amargas y corazones contentos.
Ya son las 3:30. Ya todos están sentados de lado, unos frente a otros, en habitaciones especiales llamadas Mafraj. Aquellos infelices que siguen trabajando y no pueden darse el lujo de sentarse, mastican la hoja quitados de bulla mientras llevan a cabo sus labores. Este ritual sagrado puede durar el día entero, algunos masticando hasta la hora de dormir. Por lo general, los hombres aprovechan esta hora para hablar de los asuntos locales e internacionales, de los problemas del pueblo, de asuntos personales, y ya cuando se están sintiendo “bien”, generalmente las bocas se cierran y el silencio se vuelve prioridad. Como si el hablar ya no fuera necesario porque ya todo está dicho, y lo importante ya es solo ser.
La adicción nacional de Qat (hasta el Presidente es un orgulloso consumidor) es de los aspectos más pintorescos de este país. Las caras se deforman ya que mientras las hojas se mastican, se van almacenando debajo del buche. Mientras más “Yemenita” es un hombre, más deformada estará su cara. Los efectos de la hoja son variables. Al masticarlas, estas desprenden un amargo jugo que es necesario tragar. Luego de dos o tres horas masticando, algunos se sienten estimulados, otros se sienten relajados, y la mayoría se sienten Yemenitas. En lo personal, el Qat trato de evitarlo. En las tres ocasiones que me he aventurado a probar, la hoja me ha dejado con un dolor de barriga y una boca amarga. Muchos dicen que el 80% del efecto es sugestión social, y el 20% sobrante es una mezcla de 2 tazas de café expreso, con un cc de melancolía. Para serles sincero, creo que su uso proviene de las pocas fuentes de diversión que existen aquí. Después que te prohíben el alcohol y te quitan las mujeres, que puedes hacer?
La industria de Qat es una de las más poderosas en Yemen. Se han armado grandes riñas entre los propietarios de tierra ya que el valor de estas esta por las nubes. Muchos critican la industria ya que la planta no se puede exportar, ya que está prohibida en la gran mayoría de países. En Arabia Saudita y Omán, los dos países que hacen frontera con Yemen, consumir es un delito que puede llevar varios anos de prisión. Otra de los grandes problemas que produce la hoja es que le quita espacio a plantas comestibles, y ha obligado a Yemen a tener que importar muchos de los alimentos agropecuarios que consume. También, la producción de la planta conlleva cantidades industriales de agua, lo que agrava la crisis nacional de agua potable que existe en el país.
Al trabajar en Salud Pública, y observar algunos de los problemas de salud que enfrenta la población de Hays, uno de los más grandes problemas es el consumo de Qat. Muchos de los hombres gastan todo su dinero en la hoja (Si, como los dominicanos con el romo!), y dejan de comprar alimentos para su familia. Esto ocasiona que muchos de los niños que atendemos tengan problemas de nutrición. También, muchas mujeres embarazadas consumen, lo que agrava la situación doblemente.
En fin, Yemen es un país que no se concibe a si mismo sin el Qat. Cada quien lleva su adicción en lo más profundo del corazón. Como me dijo Bakheel hace unos días, “Sin Qat, no hay Yemen”.

Monday, August 17, 2009

Tormentas

El dragón del desierto ha retornado de su largo sueño. De su boca ruge el viento, que carga consigo la fuerza de un millón de años de soledad. Hays solo es sombra; lo que sobra de un crepúsculo radiante que con hambre digiere todo lo que toca. Mientras la arena se adueña de nuestras almas, la noche solo vela nuestra desdicha. Los entretejidos ventanales no aguantan la ira del desolado horizonte que ataca con fuerzas y sumerge todo en un mar de lija. Sin mucho algarabío, los pobladores caminan con ojos entreabiertos hacia sus moradas, y pacientemente esperan a que el monstruo los deje en paz. Deslumbrado, alcanzo montarme en una motocicleta para poder llegar a mi morada y refugiarme del estruendo. Como un mago, el motorista penetra las paredes de arena que chocan contra cada centímetro de piel. Mis ojos van cerrados, completamente incapaces de ser testigos visuales de aquel acontecimiento. Mientras me apeo para pagarle al valiente, observo las luces de los camiones que como fantasmas van rugiendo mientras luchan contra el desierto voraz. Llego a mi casa y por primera vez abro los ojos completamente. Recibo una llamada. El esposo de Sai’da no ha regresado del mar en tres días. Hassan me dice que piensan que piratas Somalíes probablemente lo arrojaron al mar y se llevaron su bote. Sai’da, con un niño pequeño y solo 20 años se ha quedado sola en este desierto imperdonable. Mientras Hays se vuelca en olas de arena, me sumerjo en una tristeza ancestral y le pido a Dios que tenga piedad de nosotros. Inshallah, el dragón nos abandonara pronto y el esposo de Sai’da retornara. Inshallah.

Mi equipo de trabajo: Conozcan los miticos de Hays


De Derecha a Izquierda delantera(para que se acostumbren al arabe): Hassam Mohammed, Alan Delmonte, y Bakheel Hasheim.
De Derecha a Izquierda trasera (luego de mucha practica y concentracion, si.....es posible): Rita Okeish, Fatima Shobeil, Fuzyah Khalil, Fatima Kareen, Dina Ismail. (Para serles sincero, estoy adivinando).
Equipo faltante: Hussein Hassan, Abdullah Yassin.

Los miticos de Hais

Saturday, August 15, 2009

El Alto Precio de la Virginidad

La virginidad se cotiza muy cara en la península Arabica. Una mujer que la haya perdido antes del matrimonio puede enfrentar todo tipo de calamidades. Hoy, mientras dialogaba con mis compañeros de trabajo, el tema surgió a flote luego de que se escuchara en la radio que un padre había asesinado a su hija luego de que esta lo deshonrara perdiendo su virginidad antes del matrimonio. Desde que el tema se introdujo en la reunión, todos los participantes se inflamaron de indignación por la bárbara actitud del padre, pero al mismo tiempo entendían su dolor y su desgracia. “Les digo, si yo fuera mujer y estuviera pasando por una situación similar, buscaría por todos los medios de buscar una excusa del doctor diciendo que perdí el himen por una caída o por cualquier tipo de accidente”, vociferaba Hassan mientras se dirigía a la reunión.
Y así tan seria es la cuestión por estos lares del planeta tierra. Generalmente, si una mujer pierde su himen por alguna caída o accidente, inmediatamente debe informar a la familia para que estos consigan una certificación medica que abale que la mujer no ha sido penetrada por un hombre, si no que desgraciadamente la ha perdido en algún tipo de accidente. Y a pesar de la certificación medica, inmediatamente la mujer pierde su himen, su precio disminuye en el mercado matrimonial. “Claro, quien sabe si el accidente fue real o no, la duda siempre le quedara al esposo”, murmuraba Bakheel mientras su rostro exaltaba rasgos de duda.
El cuerpo femenino es sagrado en Yemen. Según me cuentan, es sumamente difícil tener relaciones sexuales antes del matrimonio, ya que aquellos valientes que se propongan la difícil tarea de lograr aquella hazaña se ven expuestos a ser perseguidos y violentados por la familia de la mujer. “Es mejor buscarse una burra” decía Hassan mientras los demás se echaban a reír. “O mejor, fajarse a trabajar día y noche para algún día poderle pagar las sumas elevadísimas que piden estos barbarasos de Hays”, decía Hussein. Mientras la conversación proseguía, lo único que me pasaba por la mente es que no envidio para nada a estos míticos de Hays. A veces le doy gracias a Dios por haber nacido en Occidente.

Friday, August 14, 2009

La cultura del Inshallah

La religión Islámica es el eje central de la maquinaria cultural Yemenita. Su influencia se descubre en el ambiente de la misma manera en que el oxigeno se revela en el aire. En todos los poblados, por pequeños que sean, hay una mezquita que postra a la mayoría de rodillas cinco veces al día, por medio del conmovedor llamado a la oración que infunde en el ambiente un aura de misticismo y encantamiento. Imaginarse que cada vez que se oye aquella cadencia, alrededor de un billón de personas en todo el mundo se arrodillan a alabar a Dios. Y de la misma manera en que la mayoría de costumbres, tradiciones, y ritos se pueden justificar en el Islam, el lenguaje árabe está completamente rebozado de palabras y frases que de una manera u otra pregonan la solidaridad Islámica, y hacen que sea casi imposible de separar el idioma de la religión.
Inshallah es sin duda la palabra más utilizada en Hays. La palabra define la idiosincrasia de este pueblo perdido, que basa todas sus esperanzas en el “Si Dios Quiere”, o en el “Dios Mediante”. Es como si la voluntad personal la hubieran abolido y solo quedara el Inshallah, que por arte de magia, mueve y articula todas las facetas de estos habitantes. Al principio me desesperaba, ya que a muchas de las órdenes eran recibidas con un Inshallah, que en mi entender desliga la responsabilidad personal para dejarle la carga a Dios, que tal vez quiera o no quiera. Pero luego de estar aquí dos semanas, y poco a poco comenzando a entender los caprichos de esta tierra, sus carencias y abundancias, sus padecimientos y tribulaciones, la palabra lentamente se ha vuelto parte de mi propio vocabulario, ya que realmente nunca se sabe si las cosas van a salir como uno quiere. De verdad que a veces es mejor que Dios decida.

Tuesday, August 11, 2009

El invisible mundo de las mujeres

Administrar siete mujeres Yemenitas no es tarea fácil. Por costumbre, las oficinas habitadas por mujeres siempre se mantienen cerradas, ya que generalmente estas se descubren los rostros mientras trabajan. Cuando un hombre quiere entrar a estas oficinas, debe tocar la puerta, esperar a que las mujeres le den permiso para entrar, y luego tímidamente abrir la puerta con los dedos cruzados con la esperanza de que todas se hayan cubierta de manera apropiada. Otra de las costumbres amerita que cuando te reúnes con una mujer, es estrictamente necesario dejar la puerta abierta para que todos los demás empleados puedan observar lo que está pasando dentro (por si las moscas). También, cuando las mujeres tienen que ir a cualquier lado (incluyendo entrenamientos en la capital, visitar pacientes en los poblados, etc), siempre tienen que ir acompañadas de algún hombre (su hermano, primo, o familiar) que vele por ellas. Como administrador, es realmente una pesadilla logística ya que los costos siempre se incrementan debido a las limitaciones y restricciones que estas presentan.
Como me decía Hassan, “Aquí uno paga tanto por las mujeres, que cuando ya la tienes, te sientes que te pertenecen. Por ejemplo, cuando me case con Rita, puedo decirle con quien puede estar, cuando puede salir, que puede y no puede hacer, en fin, lo que me plazca”. Y así piensan la mayoría de Yemenitas. Debido a los altos costos que tienen las mujeres, y el sacrificio económico que estas representan, después que el nudo se amarra, la mujer pasa de ser propiedad de su padre a ser propiedad de su marido.
Hoy fui con dos de mis colegas a realizar un censo de personas con discapacidades físicas en uno de los lugares más remotos de Yemen. Duramos una hora transitando por una carretera polvorienta en medio del desierto hasta que llegamos a un lugar olvidado por los Dioses. El poblado, al pie de unas montanas enormes sin una gota de vegetación, carece de electricidad y agua potable. Desde que nos apeamos del carro, fue como si las chicas se hubieran puesto un traje de invisibilidad, y hubieran penetrado una dimensión paralela. Las volví a ver cuando estábamos en el carro a punto de partir.
El mundo de las mujeres en Yemen es prácticamente invisible para los hombres. En las zonas rurales es casi una alucinación cuando ves alguna caminando en la calle, y si miras bien, es probable que sea una africana disfrazada de Yemenita. Los lugares públicos están poblados de hombres, todos voceando y portándose como bestias. Claro, no hay ninguna mujer para poner el orden.
Los hombres raramente hablan sobre sus mujeres, y tienes que ser muy dichoso para que te presenten una mujer de su hogar. Tengo más de diez días en este desierto y todavía no conozco las madres ni las hermanas de mis compañeros de trabajo (aunque desgraciadamente si conozco todos los hombres de sus familias, y como dice el refrán, ya el calor de hombres me está empollando).
Y así es Yemen. Como si el mismo Dios hubiera bajado del cielo a dictar que los hombres y las mujeres son dos razas distintas que tienen que minimizar el tiempo que comparten. Como si un genero fuera toxico para el otro (que en definitiva lo es…no creen?), y para no morir, hay que regular la cantidad de toxinas que ingerimos para no morir de….amor? Para serles sincero, no entiendo la razón de la amplia separación de género que existe en este lugar del mundo. Hay teorías que dicen que hace miles de años esta región del mundo estaba regida por una sociedad matriarcal sumamente poderosa, y que luego de que esta desapareciera, los hombres decidieron aplicar las leyes actuales para prevenir otra pesadilla como aquella.
En fin, no entiendo el porqué de estas cosas. Lo único que se es que como hombre solo tengo acceso a una parte de la experiencia Yemenita. Para conocer la otra mitad, tendría que volver a nacer.

Monday, August 10, 2009

Una Raza Especial

Vivir aquí es un arte reservado para una sola raza de hombres: aquellos que dentro de sí han reservado la reciedumbre de miles de años de abatimiento. El cordón umbilical del inmundo desierto se vislumbra en el vientre de este linaje de hombres y mujeres, que orgullosamente despliegan su rigor en la austeridad de su carácter y en la esplendidez de su generosidad. Ser el único extranjero en un pueblo moldeado y creado exclusivamente para sus habitantes, ha sido una oportunidad para entender las sutiles (y no tan sutiles) dinámicas sociales, culturales, y económicas que hacen de Hais un lugar inolvidable.
En la cuna del mundo árabe, la pirámide de prioridades se revierte a su forma original: Las cosas que en Occidente consideramos insignificantes, aquí son de primer rango. Como me dijo el padre de uno de nuestros pacientes, “Aquí en Yemen el dinero no es importante, lo único que importa es estar bien con uno mismo y con los que te rodean, y claro, por lo menos tener alguito para la diaria sesión de Qat”. Y allí destilo todo lo que he podido percibir de esta seductora tierra: Lo principal es estar bien con Allah, la familia, y la tribu. Todo lo demás es secundario. Y así lo he confirmado. El Yemenita es un ser sumamente desinteresado. No piensa mucho en lo que tiene ni en lo que no tiene. La mente de los hombres generalmente está enfocada en su próxima sesión de Qat, y la de las mujeres en su futura boda o en el bienestar de sus hijos. La vida se reduce a su mínima expresión, mermando los delirios de grandeza y los egos languidecidos. Como si el tiempo, el espacio, y el clima hubieran destilado lo que realmente importa, y en un instante fugaz, yo estar allí, inmóvil, entre la confusión de un choque cultural de proporciones gigantescas, absorbiendo todo este conocimiento que se ha quedado impregnado en esta tierra, embelleciendo el monótono mar de arena que íntimamente convive con estos seres extraordinarios.

Sunday, August 9, 2009

Relaciones Intra-Familiares....Yemeni Style

Una de las razones principales por la que un proyecto dirigido a personas con discapacidades físicas se encuentra en este rincón perdido de Yemen se debe a las relaciones maritales entre familiares. Desde que llegue a este polvoriento pueblo he estado tratando de indagar la razón por la que esto sucede, pero hasta el día de hoy no había tenido éxito. Luego de charlar un largo rato con uno de mis amigos Yemenitas, la razón surgió lentamente mientras este me exponía lo mucho que ama a su prometida. “Por Fátima soy capaz de esperar todos los años del mundo. A diferencia de algunos, que para no tenerle que pagar una fortuna al padre de cualquier mujer decente en Hais, eligen a una prima o a una tía de su misma edad, la cual le sale casi gratis”. Y allí Ali había dado en el grano. La razón por la que los pobladores de Hais se arriesgan a tener una descendencia con un rango casi infinito de problemas se debe a la escases de Fulus (dinero). Típico, no creen?

Friday, August 7, 2009

Bajo el cielo del Tihama

En el desierto del Tihama las camas están fuera de las casas. El calor de la noche invita a que el sueno se concilie bajo las estrellas, como si el dormir fuera un momento para reconciliarse con el universo. Los pobladores, luego de que terminan sus faenas y atienden sus mujeres, se postran en sus camas para observar el estrepitoso cielo que como un plato infinito se extiende en todas direcciones hasta donde alcanza la vista.
Es por esto que todas mis noches en este magnánimo desierto han sido veladas por la luna. Mi primera noche la pase dentro del apartamento y fue obvio el porqué era necesario dormir fuera de esta. Como vivo en el tercer piso de la estructura más alta del poblado, decidí usar el techo como habitación para dormir. Generalmente, cargo el colchón de mi aposento hasta el techo, y allí me lanzo para disfrutar de la cálida brisa del desierto y de los disimulados colores de la noche. Generalmente, mientras esta transcurre, me despierta el llamado a la oración que a las cuatro de la mañana se sumerge en lo más profundo de la esencia de Morfeo como una melodía melancólica.
El despertar es un acontecimiento sumamente surreal. Generalmente lo que me despierta son los nerviosos cantos de los cuervos y las heroicas coplas de los falcones, que me observan arduamente mientras se balancean sobre el muro que rodea el techado. Es como si todas las mañanas lo primero que sientas es que eres una presa de un desierto que clama satisfacer su necesidad. Como si este quisiera que no te olvides de que estas hecho de carne y que tu vulnerabilidad es real.
Vivir en el Tihama no es cosa fácil. Las necesidades “básicas” no se consideran “básicas” aquí; son lujos reservados para la gran mayoría que vive fuera de esta zona del planeta. El asearse, el dormir, el ser y el estar siempre se dificultan por la escasez de agua, el agobiante calor, y la recalcitrante arena. Lo único que este desierto ofrece es la posibilidad de endurecer el alma, de dominar los pensamientos, y de poder convivir con personas que tienen mucha sabiduría que brindar.

Monday, August 3, 2009

Desvelando a Hais: Tierra imperdonable, donde la arena y el amor conviven

Cinco de la mañana. Pegajoso, sucio, desvelado. La arena se siente en la boca, en la frente, en cada rincón del cuerpo. La oscuridad no invita el fresco. Todo lo contrario, la oscuridad invita más calor. Mientras observo mi incomodidad, trato de no identificarme con ella.
Así ha transcurrido mi primera noche en Hais. Como si el desierto hubiera vomitado este pueblo desde lo más profundo de sus entrañas, y en ese proceso, yo estar allí, ingenuamente esperando en los labios del dragón. El sol ya comienza a revelarse tras las nubes. La noche ha sido, y yo no fui con ella. Los habitantes de Hais ya comienzan su jornada. Se oyen las cabras, los camiones, el zumbido del polvo, el canto de un cuervo que con hambre espera su presa. Mientras los espíritus del Tihama empiezan su dia, ajenos, indiferentes a la condición del desierto, yo los coloco en el más alto peldaño de admiración. Parece como si la inmutabilidad del paisaje se quedo reflejada en sus almas, y ya nada les puede hacer daño.
Ya el sol ha regresado. No hay donde esconderse. Lo único que es posible es tratar de humildemente adaptarse a los caprichos de esta tierra que jamás ofrece sorpresas. La condición es clara: el calor sofocante solo sabe regresar, y el olor a carne cansada vuelve a invadir mientras cabalga determinado en cada grano de arena. No me puedo imaginar lo que es estar discapacitado en esta región del mundo.
Y asi como el lugar es aspero e intocable, lo unico que he recibido de todos los que he conocido es un desborde de amor. Como si el apoyo mutuo fuera la unica forma de sobrevivir. Y creo que asi lo es. Con todo y todo, Hais ya esta ocupando un importante lugar en mi corazon.

Desvelando a Hais: Tierra imperdonable.

Cinco de la mañana. Pegajoso, sucio, desvelado. La arena se siente en la boca, en la frente, en cada rincón del cuerpo. La oscuridad no invita el fresco. Todo lo contrario, la oscuridad invita más calor. Mientras observo mi incomodidad, trato de no identificarme con ella.
Así ha transcurrido mi primera noche en Hais. Como si el desierto hubiera vomitado este pueblo desde lo más profundo de sus entrañas, y en ese proceso, yo estar allí, ingenuamente esperando en los labios del dragón. El sol ya comienza a revelarse tras las nubes. La noche ha sido, y yo no fui con ella. Los habitantes de Hais ya comienzan su jornada. Se oyen las cabras, los camiones, el zumbido del polvo. Mientras los espíritus del Tihama empiezan su jornada, ajenos, indiferentes a la condición del desierto, yo los coloco en el más alto peldaño de admiración. Parece como si la inmutabilidad del paisaje se quedo reflejada en sus almas, y ya nada les puede hacer daño.
Ya el sol ha regresado. No hay donde esconderse. Lo único que es posible es tratar de humildemente adaptarse a los caprichos de esta tierra que jamás ofrece sorpresas. La condición es clara: el calor sofocante solo sabe regresar, y el olor a carne cansada vuelve a invadir cabalga en cada grano de arena. No me puedo imaginar lo que es estar discapacitado en esta región del mundo.

Saturday, August 1, 2009

Ser y No Ser: Una Cuestion de Genero

Hay un ritmo, una cadencia, un letargo en la manera en que se mueven las almas, como si de repente todo hubiera desaparecido y solo quedara ese individuo cruzando la calle, ajeno a las decenas de carros que esperan que su cuerpo avance para ellos poder cruzar. Tal vez es la manera en que todos usan las bocinas, no como un sistema de alerta, pero como si estuvieran allí para anunciarle al mundo “!!YO EXISTO!!””, o tal vez para unirse al festival de bocinas que conjuntamente hacen de Sana’ a un carnaval Fellinesco. O quizás sea la forma en que los hombres andan agarrados de manos, dedos entrecruzados, tribalmente demostrando que no están solos en el mundo. Es posible que sea el calor, o los cientos de años luchando por los pocos recursos naturales, o las 50 millones de armas largas (esto es un hecho) que rondan por cada rincón. Es probable que todo se deba a la ausencia del género femenino, todos deseando a la misma vez que todas las mujeres excepto mi madre y mi hermana se quiten de una vez por todas esos mantos negros que previene que mis pupilas se ensanchen. Cualquiera que sea la razón de que Yemen sea un mar de testosterona, cojones, y anarquía, navegando lentamente sobre un paisaje inmutable, la vida aquí es un continuo “corazón en la boca”, como si el vivir en el borde fuera la única forma de ser y sobrevivir.

Hoy he perdido mi vuelo a Hodeidah ya que el director se quedo en los brazos de Morfeo, y mi llamada a las 5 de la mañana finalmente lo saco de su dulce estado. Tratamos de llegar al aeropuerto lo más pronto posible, algo que generalmente significa tirarse de la ventana y montarse en un carro en movimiento para finalmente recibir la triste noticia de que el avión ya está en la pista y nada se puede hacer. Parece que el desierto me está dando chances para que cuando llegue no lo insulte quejándome de su aspereza y su impiedad.

Ayer tuve una gran conversación con una de mis mejores “amigas” Yemenitas, un término que en Yemen podríamos redefinir como una tensa, afectuosa, y paranoica relación entre un hombre y una mujer. Abeer debe tener de 22 a 25 anos, y mediante la pulgada desvelada que descubre sus ojos, hemos podido establecer una pequeña amistad, más que nada nacida de la curiosidad de explorar mediante las experiencias de otro, lo que se esconde del otro lado del mundo. Por esta pulgada descubierta, Abeer, y la gran mayoría de mujeres Yemenitas, se ven forzadas a expresar su alegría, sus temores, sus sueños, y la esperanza de un futuro mejor. Es por esto que los ojos de las mujeres en este rincón olvidado de Arabia parecen tener vida propia, como si hubieran aprendido luego de siglos de ser la única ventana al mundo, a decirlo todo sin necesidad de hablar; como si las miradas fueran teatrales, como si pudieran filmar películas mudas, solo balanceando todas las emociones en un abrir y cerrar de ojos.

En nuestra conversación, Abeer me contaba del pesado universo de regulaciones, tradiciones, y costumbres que la mujer en Yemen tiene que soportar. Después de ser la prometida de un joven llamado Ahmed, decidió dejarlo (un privilegio que solo tienen algunas chicas provenientes de la capital, generalmente provenientes de familias cultas y adineradas) ya que su familia le cohibía su libertad, y se sentía como una pajarita enjaulada entre todas las mentes de los parientes de Ahmed. Me dijo que muchas de sus amigas están presas en familias similares, y que ella ahora tiene miedo de volverse a comprometer, ya que en muchos casos las apariencias modernas pueden esconder más tribulaciones que aquellas “tradicionales”. Su generación, que ha sido ligeramente influenciada por las tendencias liberales provenientes de Occidente, día a día batalla con algunas de las expectativas sociales que todavía siguen muy prevalentes en Yemen. Es por esto que Abeer sigue soltera, en un país donde ensenar públicamente más que solo los dos ojos, se considera un acto imprudente. Luego de oír su caso, solo veo dos maneras de afrentar la situación: una revolución femenina en todo el mundo árabe, o simplemente resignarse y tratar de adaptarse a la situación como lo han hecho las mujeres por cientos de años.

Ojos Que Miran

Si mezclas las Mil y Una Noches con el cine mas caotico de Luis Bunuel, es posible que sientas el amargo y dulce sabor de lo que es vivir en un pais como este. Un mundo donde el desenfrenado espiritu del desierto trata de convivir con la atmosfera sagrada del Islam. Un pais donde despues de las 2 de la tarde, todo el mundo se deforma masticando inmensas bolas de Qhat, y al mismo tiempo oyes el llamado a la oracion que como un eco penetra los escrupulos del mas insensible. Despues de dos semanas conviviendo con los arabes, me he convencido de que la unica forma de entender esta misteriosa tierra es simplemente no tratando de entenderla. Hay que simplemente aceptar las cosas como son, y tal vez despues de varios meses de adoptar esta actitud, rezar para que el espiritu de este dragon invisible se sumerja en el entindimiento.

Mientras tanto, mis dos semanas en Sana’a (la capital) han llegado a su fin. He disfrutado bastante de su frescura, su ciudad Antigua, y sus interesantes habitantes. Manana me espera un avion para la region del Tihama, descrita en los libros de geografia como el estrecho de tierra que separa el mar rojo de la cordillera Yemenita, extremadamente caliente, carente de rios y Oasis. Alli estare por los proximos 10 meses, enfrentando el calor, el aislamiento, y la grandiosa aventura que sera compartir con estos ancestrales habitantes que por cientos y cientos de generaciones, han sobrevivido en ese mar de arena y calor.